Psicólogo Alvaro Silva, Teléfono 980980808. Especialización y experiencia en atención de casos de psicoterapia individual, de pareja y familia. Atención en Lima - Perú.

viernes, 22 de julio de 2016

VISION HISTORIA DEL AMANTE

Amante

Oscar Urbiola en su obra: Gran enciclopedia del sexo. Historia ilustrada de las prácticas sexuales. Anécdotas sucesos curiosos, costumbres y tradiciones, prohibiciones, vicios, rarezas... refiere:


Amante es, básicamente, aquel que ama. Se suele utilizar la expresión “buen amante” para significar así lo diestra que es una persona en la práctica sexual. Pero, de una forma más general, el término suele ser utilizado para designar a la pareja o compañero ilegítimo de un hombre o de una mujer.


En gran parte en esta historia, el amante siempre ha sido un personaje contradictorio. Unas veces bien visto y otra veces menos. Y es que, a pesar de introducirse donde supuestamente no debe, ha sido en muchas ocasiones alabado. Del amante se decía que era lo que necesitaba toda mujer casada para que ésta pudiera experimentar todos los placeres del amor. Los marinos trataban a sus esposas como esposas y madres de sus hijos, mientras los amantes buscaban procurarles placer. Desde esta perspectiva, al hablar de amantes estaríamos haciéndolo de adulterio, de infidelidad, de cuernos … Y también de una figura protagonista de un periodo histórico importante: la cortesana.

Durante gran parte del siglo XVIII, que el hombre o la mujer unidos en matrimonio tuvieran una y un amante respectivamente era casi obligatorio dentro de algunos círculos sociales. El inadmisible que en un príncipe o un rey careciese de amante. Los soberanos, los nobles y las personas de la clase alta tenían un amante para cubrir las apariencias, como ostentación. Y llegó un momento en el que el amante era algo así como un cargo público. A veces, las amantes tenían un cargo superior al de la propia esposa legal, la cual era muchas veces teñida sólo por descendencia legal que ofrecía.
Muchos amantes han sido más poderosas en influencia y en posesiones materiales que aquellos que las mantenían. Eduardo Fuchs escribe que hubo una época en la que el culto al amante, a la mujer cortesana, a la concubina, fue tan desorbitado que bien podría interpretarse aquello como la traducción mundana del culto católico a María. La amante también era superior a su dueño y más poderosa que él en muchos casos. Fuchs afirma que la consecuencia de esta situación histórica fue el llamado “gobierno del amante”, que prestó al antiguo régimen su mala fama en la historia. Sobre este “gobierno del amante” se resalta la indignación moral debida al hecho de que se tratara de una prostituta ante cuyos caprichos tenía que inclinarse a veces la esposa legal, los criados, las amistades, los negocios y, en otras, el propio pueblo.

Y es que si bien hemos comparado la actividad del amante con un cargo público, también podríamos decir que se trataba incluso de una profesión. Para la mujer de algunas épocas, sobre todo en el 1700, será amante era la actividad más provechosa que podía ejercer: aunque no aportaba un marido, si amigos que hacían regalos y que las protegían de las numerosas calamidades del momento. Por ello, muchos padres educaban a sus hijas en esa dirección.

El ideal de la mujer educada para ello era ser la amante de un príncipe, pero no siempre era posible. Aunque ser la concubina de las clases inmediatamente inferiores a las reglas no era tampoco quedarse con las obras. A veces incluso las mujeres casadas ejercieron el papel de amantes de ricos señores para obtener así un dinero extra con el cual sacar adelante su hogar.


Sin embargo, no hay que pasar por alto la faceta histórica del hombre en el papel de amante: también la mujer ha disfrutado diamantes por ella elegidos, a mucho de los cuales ha tenido que comprar también su amor. Para muchos hombres, esta profesión en una fuente importante de ganancias. Muchas veces eran mujeres entradas ya en la madurez, cuando sus encantos corporales ya no alcanzaban a seducir a hombres. Y por algunos ejemplos históricos podremos comprobar que las mujeres no pagaban peor a sus amantes masculinos que los hombres a la suyas. De la corte de Luis XIV, por ejemplo, algunos autores hacen mención de  “un tal varón Prometau que era mantenido por una tal Mme. De Rohan le costaba el amor de un señor de MIossons la pequeña suma de 200.000 taleros. Mme. De Beringhen ofreció el señor de Montlouet d’Argenner, un hombre apuesto, una pensión mensual de 1200 taleros por sus ternezas y caricias”.

El del amante en la relacion
Amante

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