Psicólogo Alvaro Silva, Teléfono 980980808. Especialización y experiencia en atención de casos de psicoterapia individual, de pareja y familia. Atención en Lima - Perú.

martes, 26 de julio de 2016

La trampa de la determinación del comportamiento desde el temperamento

Temperamento: De la  falsa determinación de la conducta a la disposición

Boris Cyrulnik en su obra los patitos feos. La resiliencia: una infancia infeliz no determina la vida. Menciona:

temperamento y comportamiento
La trampa del temperamento y el comportamiento 
Hoy en día, la sombra que subraya se llama temperamento. “Enteramente es una ley de Dios grabada en el corazón de cada criatura por la mano de Dios mismo. Debemos obedecerle, y le obedeceremos a pesar de toda restricción o prohibición, venga de donde venga”.
Esta definición el temperamento fue dictado por el propio Satán, en 1909, al sugerirse la a un irónico Mark Twain. En aquella época, la descripción y científicas planteaban el desafío biológico de reforzar las teorías inmovilistas, que afirmaban que todo revierte en un bien, que cada uno ocupa un lugar que le corresponde y que reine el orden. En semejante contexto social, la noción satánica del destino se cubría con una máscara científica.

La historia de la palabra “temperamento” siempre ha tenido una connotación biológica, incluso en la época en la que la biología aún no existía. Hipócrates, hace 2500 años, declaraba que el funcionamiento de un organismo se explicaba por la mezcla en proporciones variables de los cuatro humores-la sangre, la linfa, la bilis rubia y la bilis negra-, moderadores, cada uno de ellos, de los demás. Esta visión de un hombre movido por los humores ha tenido tal éxito que ha terminado por impedir cualquier otra concepción de la máquina humana. Todo fenómeno extraño, sufrimiento físico mental, se explicaba por el desequilibrio de las sustancias que bañaban el interior de los hombres.
Esta imagen de un ser humano consumidor de una energía líquida se apoyaba en realidad en la percepción del entorno físico y social de la época. El agua, fuente de vida, difundía también la muerte por contaminación envenenamiento. Las sociedades jerarquizadas situaban en lo alto de la escala social a su soberano, por encima de los hombres, mientras que en la parte baja, “los campesinos y obreros, frecuentemente esclavizados, víctimas condenadas en función de sus orígenes modestos”, sufrían permanentemente y morían de la viruela, de la malaria, de accidentes y afecciones intestinales. ¡Dado que reinar el orden y que se trataba de un orden moral, aquellos que se encontraban al pie de la escala social, pobres y enfermos, debían haber cometido faltas extremadamente graves! La enfermedad azote existía antes del judeocristianismo. Encontramos sus huellas en Mesopotamia, en los primeros textos médicos asirios.

El equilibrio de las sustancias constituye la primera fase de una iniciativa médica que también realizaban los griegos, los árabes o los Brahmanes que sucedieron a los sacerdotes védicos.estos primeros balbuceos médicos y filosóficos atribuían a ciertos jugos ingeridos o producido por el cuerpo, el poder de provocar emociones. En el siglo XVIII, Erasmus Darwin, el abuelo de Charles, estaba completamente persuadido de haber inventado una silla que giraba a gran velocidad con el fin de expulsar los malos humores de los cerebros deprimidos. Philippe Pinel , asombrosamente moderno, “consideraba que, no sólo la herencia, sino también una efectos educación, podían causar una aberración mental, al igual que las pasiones excesivas, como el miedo, la cólera, la tristeza, el odio, la alegría y la exaltación”.

Esta ideología de la sustancia que atraviesa las épocas y las culturas no expresa más que una sola idea: nosotros, pobres seres humanos, nos hallamos sometidos a la influencia la materia. Sin embargo, un grande de la tierra, sea quien sea, domina a los elementos sólidos. Lo que vemos en nuestros campos, en los castillos, en nuestras jerarquías sociales y en nuestros humores es una prueba de su voluntad.

La palabra “temperamento” tiene por consiguiente distintas significaciones según los contextos tecnológicos e institucionales. Entre los asirios y los griegos, su significación se hallaba muy próxima a la de nuestra palabra “humor”. Entre los revolucionarios franceses, el término significaba: “emoción modelada por la herencia y la educación”. Cuando el siglo XIX hablaba de “temperamento romántico”, evocada en realidad una deliciosa sumisión a las “leyes” de la naturaleza, justificando así la cruel jerarquía social de la industria galopante.

Hoy en día, la palabra “temperamento” ha evolucionado. En nuestro contexto actual, un contexto en el que los genetistas realizan unas hazañas asombrosas, en la que la explosión de las tecnologías construye una ecología artificial, en la que los estudios neuropsicológicos demuestran la importancia vital de las interacciones precoces, la palabra temperamento adquiere un sentido renovado.
Los estadounidenses le han quitado el polvo el concepto, adaptándolo al gusto de nuestras recientes descubrimientos. Sin embargo, cuando la palabra inglesa temperament se traduce en francés, dando tempérament, se trata en realidad “casi un falso amigo”, lo que incluso peor que un falso amigo, puesto que aún suscrita menos nuestra desconfianza. Para producir realmente la idea anglosajona de temperamento, deberíamos hablar de disposiciones temperamentales, de tendencias a desarrollar la propia personalidad de una cierta manera. Es un “como” del comportamiento, mucho más que un “porqué”, una manera de construirse en un entorno ecológico histórico, mucho más que un rasgo innato.

Hoy en día, cuando se habla de temperamento, evocamos más bien un “afecto de vitalidad”, una disposición elemental ante la experiencia de las cosas del mundo, ante la rabia o el placer de vivir. Ya no se trata de un destino o de una sumisión o unas leyes de la naturaleza inventadas por unos cuantos industriales inmovilistas. Es una fuerza vital carente de forma que nos empuja a encontrar algo, un carácter sensorial, una persona o un acontecimiento. Es el encuentro que nos forma cuando afrontamos el objeto al que aspiramos.
Desde que Satán dejó inspirar el baile de las ideas, tuvo que comenzar una psicoterapia que se vio obligado a revisar su concepto de base, y para él es es algo muy difícil.






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